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Noticias Amor y Rabia

La doctrina de Malthus

Published on: lunes, 24 de abril de 2017 // ,

PIOTR A. KROPOTKIN

Pocos libros han ejercido una influencia tan perniciosa sobre el desarrollo general del pensamiento económico como la que el Estudio del principio de población, de Malthus, ha tenido durante tres generaciones consecutivas. Apareció en un momento oportuno, como todos los libros que han alcanzado alguna influencia, asociando ideas ya existentes en el cerebro de la minoría privilegiada. Era precisamente cuando las ideas de igualdad y libertad, despertadas por las revoluciones francesa y americana, pugnaban por penetrar en la mente del pobre, mientras que los ricos se habían ya cansado de ellas, cuando Malthus vino a afirmar, contestando a Godwin, que la igualdad es imposible; que la pobreza de los más no es debida a las instituciones, sino que es una ley natural. «La población —decía— crece con demasiada rapidez; los últimos recién venidos no encuentran sitio para ellos en el festín de la naturaleza; y esta ley no puede ser alterada por ningún cambio de instituciones.» De este modo le daba al rico una especie de argumento científico contra la ideas de igualdad; y bien sabemos que, aunque todo dominio está basado sobre la fuerza, ésta misma comienza a vacilar desde el momento que deja de estar sostenida por una firme creencia en su propia justificación. Respecto a las clases desheredadas, las cuales siempre sienten la influencia de las ideas predominantes en un momento determinado entre las clases privilegiadas, Malthus las privó de toda esperanza de mejora; las hizo escépticas respecto a los ofrecimientos de los reformadores sociales, y hasta nuestros días, los reformadores más avanzados abrigan dudas en cuanto a la posibilidad de satisfacer las necesidades de todos, en el caso de que alguien las reclamase, y de que una mejora temporal de los trabajadores diera por resultado un aumento repentino de la población.

La ciencia, hasta el presente, permanece imbuida de esa doctrina. La economía política continúa basando sus razonamientos sobre una tácita admisión de la imposibilidad de aumentar rápidamente las fuerzas productoras de las naciones, y poder dar así satisfacción a todas las necesidades. Esa suposición permanece indiscutible en el fondo de todo lo que la economía política, clásica o socialista, tiene que decir sobre valor de cambio, salarios, venta de la fuerza de trabajo, renta, cambio y consumo. Ella no se eleva nunca sobre la hipótesis de un suministro limitado e insuficiente de lo necesario a la vida; la tiene por segura, y todas las teorías relacionadas con la economía política retienen el mismo principio erróneo.

Casi todos los socialistas admiten también semejante afirmación: y hasta en biología (tan íntimamente entrelazada con la sociología) hemos visto recientemente la teoría de la variabilidad de las especies prestar una ayuda inesperada, por haber sido relacionada por Darwin y Wallace con la idea fundamental de Malthus*, de que los recursos naturales deben inevitablemente ser insuficientes para suministrar los medios de subsistencia relativamente a la rapidez con la que se multiplican los animales y las plantas. En suma, podemos decir que la teoría de Malthus, al revestir de una forma pseudocientífica las secretas aspiraciones de las clases poseedoras de la riqueza, vino a ser el fundamento de todo un sistema de filosofía práctica, que, penetrando en la mente de todas las clases sociales, ha venido a reaccionar (como lo hace siempre la filosofía práctica) sobre la filosofía teórica de nuestro siglo.

(1898)



  * De ahí que socialdarwinismo y maltusianismo sean, en realidad, lo mismo. De lo que se deduce que el llamado 'socialdarwinismo' precede al darwinismo, y no lo contrario, como se ha creído durante mucho tiempo.

Surgimiento de los Estados del Miedo

Published on: viernes, 14 de abril de 2017 // ,

Por MUMIA ABU-JAMAL*

Lo que está pasando en los Estados Unidos y en Europa es para pensar y estudiar.

A simple vista, vemos tendencias a la derecha: pueblos timidos y resentidos dan el poder a modos politicos que prometen seguridad, especialmente al confrontar los ataques terroristas que han estallado y ensangrentado las capitales del mundo..

Sin embargo, viéndolo con calma observamos que la inseguridad económica, creada por la clase inversionista, ha desatado una guerra de austeridad contra la clase trabajadora y contra los pobres. Inseguridad económica engendra inseguridad política. Si a esto agregamos el fenómeno de los ricos que toman el poder, vemos que los multimillonarios ya no se contentan con simplemente rentar o comprar a los políticos.

Los ricos han eliminado a los intermediarios, ahora ellos mismos hacen la guerra de clases. Por eso hoy tenemos a Berlusconi, el magnate de los medios, en Italia; y a Trump, negociante en bienes raíces, en los Estados Unidos. Ellos entran en la política para enriquecerse ellos mismos y para enriquecer a los de su clase, en una descarada expresión del capitalismo de compinches.

¿Porqué estamos viendo hoy esto? Porque los partidos capitalistas neoliberales (como los socialdemócratas en Europa y los demócratas en los Estados Unidos), proponen planes de austeridad y apoyan políticas globalistas que benefician más a los inversionistas que a los trabajadores. Hacen ésto porque ellos reciben cantidades de dinero de los inversionistas que los patrocinan, y esos patrocinadores son pagados con políticas de negocios que favorecen sus ganancias.

Haciendo éso, quizás han enriquecido a sus partidos. Pero han perjudicado las posiciones sociales de sus votantes, que tienen que soportar la baja de sus salarios y la subida de los precios. Esto ha causado la enajenación de la clase trabajadora y el creciente desencanto y aún la desesperación entre los trabajadores, porque sus trabajos, especialmente los de manufactura, son llevados a otros países, donde la mano de obra es más barata.

Esa desesperación, que, por ejemplo, brotó de NAFTA, (del nombre en inglés, NorthAmerican Free Trade Agreement, Tratado Norteamericano de Libre Comercio), hizo que muchos siguieran a quien les prometió más y mejores trabajos, Donald Trump es buen ejemplo. En consecuencia, los que, en primer lugar, se beneficiaron con llevar los trabajos a otros países (los capitalistas) ahora se espera que esos mismos capitalistas los reemplacen con más y nuevos trabajos, ¡y con mejores salarios!

¿Se puede entender esto?

Los trabajadores que esperan que las mismas fuerzas políticas que los han empobrecido de pronto los hagan ricos, están soñando. Esos trabajadores esperan algo que jamás ha de llegar. Traicionados por sus viejos «aliados» neoliberales, en su desesperación ellos escuchan a demagogos derechistas que les prometen trabajo, pan y gloria. Uno podría pensar que han aprendido de los ejemplos de Alemania y de Italia de hace varias generaciones atrás.

El Partido Nacional-Socialista de los Trabajadores, de Hitler, conocido como el Partido Nazi, prometía la gloria, y manchó con infamia a todo el pueblo alemán. De igual manera, el Partido Fascista de Mussolini trajo degradación y destrucción a Italia.

Los pueblos se comprometen con este tipo de figuras en tiempos de desesperación económica, cuando los gobiernos «normales» parecen incompetentes. Incapaces de soportar los retos que confrontan, cuando las codiciones de vida bajan a peligrosos y desesperantes niveles, y cuando el mañana parece más triste que lleno de esperanzas…

Vemos ésto en los vastos movimientos anti-austeridad de Europa continental; así como en el reciente voto «Brexit» de Gran Bretaña. El neoliberalismo y su proyecto de globalización contra los trabajadores prepara el terreno; y todos aquellos que se sienten nacionalistas, se tragan la píldora.

Los socialistas y los verdaderos izquierdistas han sido puestos de lado y socavados por no servir a los intereses de los trabajadores, o por no oponerse con suficiente fuerza a los globalistas capitalistas. No me refiero aquí a movimientos revolucionarios ni a grupos políticos radicales porque éstos raramente ocupan posiciones en los gobiernos; y cuando lo hacen, se someten al pragmatismo político.

Me refiero a los partidos políticos en el poder en el Occidente capitalista, como el Partido Laborista de Inglaterra, los socialistas y socialdemócratas de los otros paises europeos y a los demócratas en los Estados Unidos, todos ellos abrazan el neoliberalismo, o la política del pragmatismo que sirve a los Mercados, mejor dicho, a la clase inversionista.

Y porque los mercados están al servicio de ésa clase, tienen que traicionar a la clase trabajadora, a los obreros, a los pobres, a los empobrecidos; a los oprimidos. Los mercados sirven como elegantes y altamente inteligentes y persuasivos servidores del capitalismo que construye cárceles masivas, descuida a las escuelas, hace que policías usen armas de guerra, vende la salud pública a los mejores postores, y mucho más, mientras se hacen pasar como Representantes del Pueblo.

El neoliberalismo, como es personificado por políticos de la clase del londinense Tony Blair, o Bill Clinton, Hillary Clinton y Barack Obama, de Washington, realmente significa política conservadora al servicio del mercado, represión policial y militar; y la subyugación de los trabajadores, pero todo éso hecho con clase, con una sonrisa, con palabras dulces y persuasivas; y con mucha cortesía. Escritores políticos por años han llamado a esto, El Tercer Camino [La Tercera Vía], algo que está al centro, entre la derecha y la izquierda. Éso es un gran disparate. Porque en realidad es conservador-derechista en la acción, mientras que su discurso suena izquierdista.

En los Estados Unidos apoya los encarcelamientos masivos de negros y latinos, redadas que son definitivamente racistas, y las guerras en Irak y Afganistán. Apoyó la destrucción de Libia, mientras proveía más armas a Israel.

Este es, en esencia, el generoso y gentil conservadurismo que abrió las puertas para la llegada de Donald Trump. Aquí, la política de la ilusión ha causado el surgimiento de la política del miedo y otra vez el surgimiento del fascismo.

Hoy es tiempo que la verdadera izquierda se organize; ¡Y SE PONGA DE PIE!


11 abril 2017


  * Mumia Abu-Jamal, miembro del Partido de los Panteras Negras, periodista y escritor que ha sido encarcelado por más de 35 años, después de haber sido condenado en un proceso judicial altamente sospechoso por el asesinato de un oficial de policía en 1981.

Anarquía y Democracia

Published on: domingo, 2 de abril de 2017 // , , ,

EL PRODUCTOR
(Barcelona, 13 de abril de 1888)

Son muchos aún los que desgraciadamente creen que democracia es sinónimo de libertad. En su acepción teórica y práctica, democracia significa gobierno de la mayoría; por el mero hecho de ser gobierno, ya deja de ser régimen liberal, puesto que implica la imposición ejercida por una mayoría y sufrida por una minoría.

Lo notable del caso es que por uno u otro motivo, la casi totalidad de los individuos que gimen bajo las cadenas democráticas, vienen a sufrir dicha imposición. En efecto, Juan, Pedro y Antonio forman una colectividad democrática: Juan y Pedro son partidarios de la idea religiosa y Antonio se ve privado de su libertad porque la mayoría le impone una contribución para suplir los gastos de unas rogativas en cuya eficacia no cree. A su vez, Juan y Antonio son partidarios del sistema capitalista y explotan a Pedro que nada posee y que se ve democráticamente despojado de su libertad económica. Por fin, Pedro y Antonio tienen patriotismo, y el infeliz Juan de cuyo cerebro no se ha apoderado aún esta monomanía, se ve obligado a obedecer la mayoría y a verter su sangre por una causa que le es completamente desconocida. Y si de esas cuestiones generales, pasamos a las particulares, nos encontramos con que los míseros ilusos que han creído en las propiedades medicinales de la planta democrática se ven a cada paso villana y democráticamente atropellados.

Hay más aún: muchos socialistas, y en particular los que pertenecen al partido político obrero, se agarran desesperadamente a la utopía democrática: pues bien, a pesar del desarrollo que toman las ideas regeneradoras; sea por efecto de la preocupación, sea por efecto de la actual rutina social, ello es que la mayoría de la humanidad no es aún socialista: luego esta minoría socialista, aunque sea la más consciente, convencida e ilustrada, no tiene más remedio, democráticamente hablando, que doblar la cerviz, y reconocer la legalidad del sistema que desgraciadamente defiende aún la mayoría de la humanidad por estupidez o por conveniencia. Lo cual equivale a decir que esos demócratas se niegan a sí mismos el derecho, y como por ende la libertad de luchar como luchan contra el orden de cosas establecido. ¡Negarse a sí mismos! Es a cuanto puede conducir un sofismo.

Entren pues en razón los que aún tienen la desgracia de estar preocupados: teocracia, aristocracia, democracia todo lo que signifique gobierno de uno o de muchos, es la negación de la libertad, del bienestar, de la dignidad.

¡Paso a la idea nueva, lógica, liberal, científica, filosófica!

¡Paso a la Acracia, a la No-Autoridad, a la Anarquía! 

La batalla de George Square

Published on: miércoles, 15 de marzo de 2017 // ,

El regreso de soldados tras la Primera Guerra Mundial creó un problema de paro y falta de vivienda que revolucionó a la clase obrera escocesa

Por RAFAEL RAMOS

Nadie en Inglaterra, ni siquiera la derecha más extrema, habló de enviar tanques a Escocia si gana la independencia en el referéndum de finales del verano. Pero hubo una vez, hace 95 [ahora 98] años, en que Londres desplegó diez mil soldados y vehículos acorazados en Glasgow, no para impedir la secesión sino en respuesta a una huelga general que paralizó la ciudad en demanda de mejores condiciones laborales. Lloyd George era primer ministro, Winston Churchill era ministro de la Guerra y ambos tenían pavor a una revolución bolchevique en territorio británico.

Era el 31 de enero de 1919, el levantamiento espartaquista alemán había comenzado en noviembre anterior, y la Revolución rusa en octubre [noviembre] del 17. Con la Primera Guerra Mundial recién terminada, y millones de soldados desmovilizados regresando a casa para sumarse a las colas del paro, el gobierno de Lloyd George temía que floreciesen en el Reino Unido las semillas del comunismo. Y eso no se podía permitir.


Glasgow es la ciudad más roja de todo el país. A orillas del río Clyde, en pleno centro hay una estatua de Dolores Ibárruri, la Pasionaria, y el propio Vladimir Lenin se refirió a ella como el Petrogrado británico, confiando de manera un tanto optimista en que las revueltas de los estibadores, maquinistas y mineros abriera las puertas al socialismo y acabasen con la monarquía. Esa revolución nunca llegó a cuajar. Pero son los descendientes de aquella clase obrera, hoy votantes del Labour [Partido Laborista] y en muchos casos todavía indecisos, quienes pueden decidir otra revolución: si Escocia se hace independiente.

Hasta entonces Glasgow no había tenido una particular tradición de militancia proletaria, y de hecho votaba al Partido Liberal en las elecciones. Decenas de miles de trabajadores se habían alistado voluntariamente, y los sindicatos (bajo entonces presiones políticas) habían accedido a no convocar ninguna huelga general hasta que terminase la Gran Guerra, y a no criticar las leyes represivas adoptadas por el Gobierno con el pretexto de la seguridad nacional. Sin embargo, los activistas antibélicos consiguieron organizarse y desarrollar en una estructura, sin ser atacados y denunciados como antipatriotas, como ocurrió en otras ciudades.

El descontento y la frustración con los políticos fueron aumentando conforme se prolongaba la guerra, y en particular en Glasgow, que era uno de los principales centros de fabricación de armamento del país, tenía una población muy superior a la actual, y un grave problema de vivienda. Los inmigrantes habían elevado el coste de los alquileres, y los nativos —en especial las mujeres cuyos maridos luchaban en el frente— no podían pagarlos. Diez mil maquinistas marcharon en Govan hasta el edificio de los Tribunales para protestar. Los desahucios estaban a la orden del día. Entonces, igual que ahora, los patronos de los astilleros y empresas textiles reemplazaban a los empleados con más antigüedad por mano de obra menos cualificada y más barata. El caldo de cultivo de una revolución estaba servido.

Las clases trabajadoras estaban hartas de que sus jóvenes lucharan y murieran en los campos de Francia y de Bélgica en defensa de un imperio de un establishment que las oprimía. El 1 de Mayo de 1918, cien mil personas se manifestaron en Glasgow contra la guerra. El 27 de enero siguiente, una organización sindical llamada Comité de Obrero de Clyde (CWC) convocó una huelga general para reducir la jornada laboral de 57 horas (comenzaba a las 6 de la mañana) a 40 horas [semanales]. Y a fin de paralizar por completo la ciudad, dio instrucciones a sus afiliados de que desconectaran del tendido eléctrico todos los tranvías de dos pisos que eran la principal forma de transporte público. El día 31, que era viernes, 70.000 personas se concentraron en George Square, cantaron La Internacional e izaron la bandera roja.


Mientras los líderes sindicales esperaban la respuesta del alcalde a sus demandas, las autoridades intentaron hacer entrar un tranvía en la plaza como símbolo de que la paralización había fracasado. Se armó el revuelo, la policía cargó con porras contra la multitud, los manifestantes se defendieron con las botellas de un camión de bebidas que asaltaron. Ladrillos y barras de hierro. En la batalla campal, que se prolongó varias horas y se extendió hasta el Glasgow Green, resultaron heridas 53 personas (34 huelguistas y 19 agentes).

Al día siguiente, el 1 de febrero, entraron en Glasgow seis tanques, un centenar de camiones militares y diez mil soldados que habían sido trasladados por la noche en tren, y se apostaron francotiradores en las azoteas de la Oficina de Correos (el recuerdo del Levantamiento de Pascua de 1916 en Dublín aún estaba muy presente) y del North British Hotel. Las autoridades prefirieron traer tropas de Inglaterra [que previamente habían controlado otras ciudades inglesas] que recurrir al regimiento escocés del cuartel de Maythill, por miedo a que se pusieran del lado de los trabajadores. La jornada laboral no quedó reducida a 40 horas, pero sí a 47, diez menos que hasta entonces. Dos de los organizadores de la revuelta fueron detenidos y condenados a cinco meses de cárcel. Unos cuantos desarrollaron exitosas carreras políticas.

«Creíamos que estábamos haciendo una simple huelga, y podríamos haber hecho una revolución», dijo con el tiempo Willie Gallagher, uno de los protagonistas de la batalla de George Square, en lo que fue bautizado como el 'viernes sangriento'. La plaza, llena de tiendas, es hoy un póster de cultura consumista.

La movilización de las tropas duró una semana, fue la mayor jamás realizada por el Estado británico contra sus propios ciudadanos y demostró hasta dónde está dispuesto a llegar el establishment para perpetuar el orden vigente, y aplastar cualquier intento de desmontar las estructuras de poder de la sociedad. Fuentes del Gobierno Cameron han empezado a insinuar que Londres no aceptaría la independencia de Escocia al margen del resultado del referéndum «si no nos ponemos de acuerdo en los detalles»... Un aviso.

La Vanguardia
3 marzo 2014

Reinosa: aquella primavera de 1987

Published on: sábado, 11 de marzo de 2017 // , ,
El 7 de marzo de 1987, la prensa cántabra informaba de una terrible noticia para Campoo: un expediente de regulación de empleo implicaría casi 500 excedentes para Forjas y Aceros de Rinosa, para "La Naval". Llovía sobre mojado en Cantabria que, según había informado Alerta el 5 de marzo, "fue en 1986 la región más afectada por la crisis", pasando de 29.800 desempleados el 1 de enero de ese año, a 34.700 el 31 de diciembre, con un incremento del 16.5%. (Hoy hay en Cantabria 44.500 parados, y el crecimiento en 2011 fue de un 8.4% más que en el ejercicio anterior).
Antolín enciende la mecha
Todavía el 3 de marzo, Enrique Antolín, presidente de Forjas y Aceros ("La Naval") había informado a los trabajadores de que aún no había ningún plan de ajuste previsto. Sin embargo, el 4 de marzo, sorprende al Comité de empresa comunicando que el plan de viabilidad de la empresa ha determinado que sobran 463 trabajadores: 59 serían prejubilados, y el resto, 404, pasarían a los fondos de promoción de empleo. Dichos fondos eran un sistema de recolocación para los trabajadores afectados por la reconversión. Cada persona aportaba su indemnización y podía permanecer en el fondo durante tres años cobrando hasta el 80% de su salario bruto. Las condiciones de estos fondos, además, habían sido recientemente modificadas y establecían que la recolocación podía producirse en cualquier punto del Estado.
En medio del estupor, y para acabar de encender la mecha, el 8 de marzo, Alerta daba a conocer que Enrique Antolín, presidente de Forjas y Aceros abandonaba su cargo para ocuparse de la Consejería de Obras Publicas del Gobierno Vasco. La noticia provoca la ira de la población rinosana, que sospecha que el Gobierno sacrifica la fábrica de Rinosa y da a su presidente un cargo político como premio a su colaboración en el sacrificio de sus puestos de trabajo. Antolín se iría y el siguiente ya se lo encontraría todo "atado y bien atado".
El día 11 de marzo, Antolín acude a "La Naval" para recoger sus cosas y despedirse. Los trabajadores se reúnen en asamblea y deciden retener contra su voluntad al presidente para retrasar la jura de su cargo en el Parlamento Vasco y llamar la atención sobre su grave situación, forzando una negociación. Los trabajadores de Farga y de Cenemesa, otras dos empresas de Campoo, deciden apoyar a sus compañeros y unirse en la retención de Antolín.
12 de marzo: primera batalla campal
Tras enterarse de la noticia, la Guardia Civil acude a la zona, pero se mantiene al margen mientras los trabajadores conversan con el Delegado del Gobierno, Antonio Pallarés. Las conversaciones no fructifican y, la mañana del 12 de marzo, Pallarés da instrucciones a la Guardia Civil para que proceda a la liberación de Antolín. 34 miembros de la Unidad Especial de Intervención de la Guardia Civil asaltan el búnker para liberarlo, mientras 321 guardias civiles se disponen a dispersar a los obreros y al pueblo, concentrado a la entrada de la fábrica, utilizando pelotas de goma y botes de humo.
La actuación de la Guardia Civil es tremendamente violenta. Los trabajadores se han atrincherado en los talleres y se ha hecho sonar la sirena de la fábrica para avisar a la población: todo el pueblo responde a su llamada. Se produce una auténtica batalla campal en las inmediaciones del Parque de Cupido.
Ese día deja una estampa que la Guardia Civil no perdonará pues, finalmente, tienen que salir del pueblo pañuelo blanco en mano, ante la resistencia de la indignada población. La batalla deja un saldo de más de cien heridos graves y un número ingente de contusionados por piedras o pelotas de goma. La Primovera rinosana ha comenzado.
La indignación se canaliza y la población se organiza. Asamblea Ciudadana, Asamblea de Mujeres, asambleas de estudiantes... se suman a los sindicatos y todos a una mantienen un constante ritmo de movilizaciones. Asamblea Ciudadana se encarga de recoger los testimonios de palizas y heridas. Nadie se echa atrás, Campoo sigue luchando.
Los medios contra Reinosa
Los días siguientes, la prensa española vierte duras críticas sobre el comportamiento de la población y los trabajadores. El Director de la Guardia Civil, Luis Roldán -después condenado por corrupción-, habla de “actuación ejemplar” de los agentes. El Ministro de Interior, José Barrionuevo, afirma de los rinosanos que son “violentos y vergüenza de la clase trabajadora”. Pero el trabajo de Asamblea Ciudadana recopilará detalle a detalle la realidad que los medios ocultan, llevando esta verdad a todos los rincones.
En los sucesivos días de marzo, los trabajadores de La Naval, Farga y Cenemesa continúan con las movilizaciones. Las huelgas generales se suceden en toda la comarca del Valle de Campoo. Además, las carreteras y las vías férreas se cortan, en señal de protesta y para informar a los usuarios de lo que allí acontece.
La Guardia Civil continúa patrullando con tanquetas y aprovecha estas patrullas diarias para lanzar decenas de pelotas de goma contra todo lo que se mueva, aunque sean niños asomados a las ventanas. Los vecinos protegen sus negocios y ventanas: nadie está a salvo. La prensa llega a relacionar a los trabajadores con la "banda terrorista ETA".
El Jueves Santo de la venganza
El día 16 de abril, llega la venganza. Cuando la población rinosana se halla concentrada pacíficamente en el Parque de Cupido, escenario de la anterior batalla campal, al sonar el pitido del tren, la Guardia Civil, deseosa de revancha, carga brutalmente contra todo lo que se mueve, arremetiendo contra hombres y mujeres, ancianos, adultos y niños. Nadie está a salvo de su rabia. Dicen que en una tanqueta hay colgado el cartel "Ramiro, te vengaremos", en alusión a algún guardia civil herido en 12 de marzo.
El campo de fútbol, la iglesia, el ambulatorio son invadidos. La funeraria es incendiada y tienen que ser los periodistas allí presentes quienes ayuden a apagar el dantesco espectáculo de los ataúdes en llamas. La tragedia se salda con no sólo 85 heridos graves, sino que esta vez devendrá en la "muerte" de un trabajador, Gonzalo Ruiz García, asfixiado por hasta 6 botes de humo cuando intentaba refugiarse en un garaje para evitar una paliza. El 6 de mayo, Gonzalo morirá. Para indignación de toda la comarca, el juicio posterior establecerá que una lesión previa le habría causado la dificultad respiratoria, eximiendo a la Guardia Civil. Otro mazazo a la inocencia campurriana, para entonces ya perdida.
Radio Nacional de España en Cantabria, que ha estado presente en todos los hechos, confirma la versión del pueblo en un noticiero nocturno ese mismo Jueves Santo: la actuación de la Guardia Civil ha sido propia de un estado de sitio. La violencia ha sido, sin duda alguna, absolutamente desmedida. La periodista Marosa Montañés, que cubre junto a otro compañero toda la jornada del Jueves Santo y radia los resultados por la noche, choca con la mano invisible del poder: la cobertura le costará su trabajo y la marcha de Cantabria.
Un camino sin retorno
Después del Jueves Santo, continuan las movilizaciones, tanto en Rinosa como en Sanander. Los campurrianos y campurrianas no se rinden. La solidaridad llega de todos los rincones.
El 6 de mayo fallece Gonzalo Ruiz, a quien, pese a lo que posteriormente diga el juicio, el pueblo considera asesinado por la Guardia Civil. A raíz de su muerte, el 6 de mayo, se producen huelgas generales en Rinosa y su comarca, y el día 7, cuando es enterrado, paros de dos horas en el resto de Cantabria. Deja mujer y una hija, y multitud de compañeros y compañeras destrozados por su pérdida.
El 3 de julio, Asamblea Ciudadana es recibida por el Defensor del Pueblo a quien entregan un informe y un vídeo en el que han recopilado todas las barbaridades sufridas por defender su subsistencia. Después, parten en manifestación en Madrid con el lema "Reinosa quiere vivir". Pero el poder no escucha: tras una nueva ronda de negociaciones, la Dirección General de Trabajo aprueba el expediente de regulación de empleo de 436 trabajadores de La Naval.
El desenlace fue complejo. No sólo se llevó a cabo la reconversión sino que, además, las diferencias entre aquellos que salían prejubilados con los que acabaron simplemente despedidos siembra la división. Los trabajadores reinosanos quedan marcados como potencialmente combativos, y se dice que circulan las "listas negras". En los siguientes despidos de la factoría Farga, en los años 90, ya no vuelve la primavera.

Apuntes sobre fascismo y nacionalismo en Cataluña

Published on: domingo, 5 de marzo de 2017 // , ,
por Arqueòleg Glamurós (artículo original en catalán)

Últimamente se han publicado textos donde se acusa a Sociedad Civil Catalana, entidad que básicamente tiene el apoyo de PSC, PP y Ciutadans (es decir, al 39% del electorado catalán), de ser fascistas. Por otro lado, han visto la luz varios artículos donde se advierte de la presencia de una nueva ultraderecha dentro del independentismo catalán. Permitidme que, como activista antifascista, federalista global y catalanista que se mantiene alejado de los dos extremos del populismo identitario, comparta algunas reflexiones al respecto con ustedes:

1.- El fascismo no es una etiqueta donde meter todo lo que no nos gusta. Si todo es fascismo, nada lo es. Si banalizamos tanto este término, cuando tenemos delante un facha de verdad no lo sabremos reconocer. ¡No toda la derecha es fascista, ni mucho menos! Afortunadamente tenemos una gran mayoría de personas neoliberales o conservadoras, tanto dentro de la derecha independentista como españolista, muy alejadas del extremismo ultra.

El fascismo se caracteriza por canalizar el malestar social hacia las minorías más débiles de la sociedad (políticas, religiosas, étnicas, lingüísticas, sexuales, económicas ...), a fin de evitar que el odio social se dirija contra las élites y la oligarquía. A menudo lo hacen de forma violenta, pero últimamente se disfrazan de demócratas y vomitan su odio través de las redes sociales o los medios de comunicación. La minoría escogida es lo de menos, a menudo cambia con el paso el tiempo. Los que antes odiaban a los judíos, ahora detestan a los musulmanes. Lo mismo vale, siempre y cuando sea una minoría débil contra la cual sea fácil lanzar rumores, estereotipos y noticias falsas para crear un caldo de cultivo del odio social.

A mí me golpearon unos skins para ser gay con 16 años hasta dejarme inconsciente. He sido amenazado y acosado por concejales neonazis de PxC (Plataforma por Cataluña, un partido político catalán de extrema derecha, AyR), lo que ha sido denunciado hasta dos veces a los mozos (la policía catalana, AyR). He recibido varias amenazas en las redes y comentarios homófobos por parte de ultraderechistas exaltados españolistas e independentistas. Soy fundador y activista de Unidad Contra el Fascismo del L'Hospitalet. Sé reconocer a un fascista cuando lo veo, creedme. Y puedo distinguir perfectamente quien no lo es.

Artículo en Vilaweb acusando al PSC de fascista por no apoyar el derecho a decidir


2.- Ni ANC ni SCC son entidades fascistas en absoluto, a pesar de tener en su interior algunos elementos aislados fachas. De la misma forma que los Boixos Nois o las Brigadas Blanquiazules son claramente grupos de hooligans con actitudes neonazis, pero obviamente no todos los seguidores del Barça o el Espanyol lo son. Esto es hacer una falacia metonímica. Lo mejor que podrían hacer SCC y ANC es aislar, expulsar y desvincularse de sus elementos ultraderechistas para poder tener un debate sobre el eje nacional sereno y democrático, con argumentos y no con acoso o descalificaciones personales. Ningún partido con representación parlamentaria en Cataluña es fascista, aunque algunos miembros puedan hacer puntualmente declaraciones que pueden ser consideradas como tal.


Comentarios etnicistas de Quim Torra, ex-Presidente de Omnium Cultural, que fue discretamente apartado del cargo.

3.- Como afirmaba Hanna Arendt, los nacionalismos democráticos tienen elementos que pueden degenerar en violencia contra apátridas o minorías étnicas. El odio que una parte minoritaria del processisme (el proceso soberanista actual, AyR) tiene hacia contra los españoles, los disidentes a su proyecto o los castellanohablantes, como lo expresado en el Manifiesto Koiné (entre muchísimos otros textos y declaraciones demonizando la clase obrera "charnega") empieza a ser preocupante. Como también lo es cierto anticatalanismo furibundo que se ve en ciertos medios españolistas. Si este odio es llevado a un extremo se cae en el fascismo. Y es evidente que dentro de movimientos tan amplios y transversales como el processisme y el españolismo lo hay. Negar o minimizar su existencia sólo permite que estos crezcan y se reproduzcan.

4.- El nacionalismo catalán durante mucho tiempo ha alimentado la doble ecuación "Cataluña = Democracia + Izquierda" y "España = Fascismo + Derecha". Aparte de ser un infame insulto denigrante para todos los millones de españoles demócratas (algunos de los cuales dieron su vida luchando contra el fascismo y aún están sepultados en cunetas), este falso silogismo ha permitido crear una impunidad absoluta hacia la ultraderecha processista. La extrema derecha independentista pasa completamente desapercibida simplemente por hablar en catalán y ser de clase media culta, aunque sus ideas sean tengan la misma esencia que las de un skin head tatuado de PxC. Querer que Cataluña sea un estado independiente no es ninguna garantía de ser respetuoso con los derechos de las minorías. Afirmar que la soberanía nacional recae exclusivamente en el Congreso es tan respetable como defender que ésta pertenece al Parlamento. Pretender ser la encarnación del concepto de democracia en exclusiva expulsa, de facto, a cualquier disidente o discrepante fuera del ámbito democrático e imposibilita cualquier diálogo o acuerdo entre los dos bandos.



Acto de la ANC donde se insiste descaradamente en la apropiación del concepto de democracia


5.- Las diferencias entre la ultraderecha catalana y española son muchas en la forma y pocas en el fondo. La ultraderecha españolista sigue el modelo del fascismo clásico: nostalgia por el franquismo, conservadurismo religioso, machismo y homofobia evidente, cabezas rapadas, racismo e islamofobia; tienen una base de clase obrera no calificada de origen en la emigración del resto de la península. Son muy pocos, no están nada movilizados y apenas pueden hacer un acto con 1.000 personas el 12O. Tras perder la mayoría de concejales de PxC o la alcaldía de Badalona, ​​prácticamente no tienen voz en las instituciones. Potencialmente, la ultraderecha españolista es mucho más peligrosa que la catalana, pero al ser tan pocos y tan fáciles de reconocer por su apariencia, el peligro disminuye.

La ultraderecha catalana, en cambio, es mucho más sutil y disimulada, ya que estéticamente no encaja nada con el estereotipo clásico del "facha". Sus miembros son de clase media culta y odian exclusivamente a los españoles y los catalanes no nacionalistas. Sólo son homófobos o machistas cuando atacan a un gay o una mujer no independentistas, como yo mismo pude comprobar. Apoyan la llegada de inmigrantes, siempre y cuando no sean del resto de España, ya que entonces serían "colonos franquistas". Son una minoría llamativa, pero cuantitativamente muchísimos más que los españolistas. Están muy bien organizados en las redes, así como infiltrados dentro del processisme, participando en actos con millones de personas en los que pasan totalmente desapercibidos. También están dentro del partido que actualmente gobierna la Generalitat el cual, a pesar de no ser fascista, tolera e incentiva su presencia. Supongo que esperan recoger los frutos electorales de su odio. 
¡Una jugada peligrosa y suicida que puede ser letal para nuestra convivencia!

Un ejemplo clarísimo de ello es Mark Serra, militante del PDECat. Insinuó en un repugnante tweet que había que expulsar a "los españoles" para hacer sitio a los refugiados. Posteriormente él explica que no es fascista ya que se gay, le gustan los animales, a tenido una relación sentimental con un negro y ha adoptado un niño de Ucrania. Todo ello en el mismo texto donde señala a periodistas desafectos con el Gobierno y atiza un odio extremo y visceral contra españoles y la izquierda no nacionalista catalana, a la que llega a comparar con la ocupación nazi de Francia.




Texto de Mark Serra, explicando que él no es fascista, al tiempo que atiza el odio violento contra la izquierda federalista y los españoles.


6.- En el fondo lo que sucede es que el processisme, por un lado, y la intransigencia del Gobierno del PP por el otro, han dividido a la sociedad en dos bloques identitarios que se niegan a aceptar al otro como interlocutor democrático. Se han roto todos los puentes de diálogo entre catalanes y se niega la simple posibilidad de que la otra mitad de Cataluña tenga una parte de razón. Cuando se detecta un comentario de alguien que disiente de los postulados más radicales y extremistas se le tacha de traidor y se le acosa y difama sin tregua. Pero 
¿qué debate puede haber si en vez de rebatir argumentos nos dedicamos a destruir personalmente al interlocutor?

En mi ciudad la sede de Ciudadanos ha sido atacada violentamente hasta 7 veces y su portavoz ha sido agredido violentamente en un acto público. Las sedes de CDC y ERC también han recibido ataques y pintadas recientemente. La semilla del odio está sembrada y cada día se est regando con gasolina. A mí, la verdad, esto me empieza a dar miedo. Si hay un "choque de trenes" no será un conflicto entre el Estado Español y la Generalitat, será una guerra entre catalanes. 
¡A mí, que no me esperen! La alternativa a un conflicto violento es, o bien seguir mareando la perdiz sin hacer nada, como hasta ahora, o bien construir un proyecto que sea inclusivo donde se sienta representada toda la población y no una mitad contra la otra. ¿Cuando nos daremos cuenta de que la solución al Proceso no vendrá de los sectores extremistas, sino a partir del pacto, el diálogo, el reconocimiento al otro y la capacidad de hacer renuncias y concesiones para llegar a un amplio consenso moderado?

7.- Y como apunte final, alertar sobre las amistades peligrosas. 
¿Si tan demócrata es el Proceso... como es que los únicos apoyos internacionales que consigue el Gobierno son ultras de la Liga Norte, el Tea Party o la ultraderecha finlandesa¿No se dan cuenta que estas siniestros compañías en vez de sumar restan? ¡Los únicos líderes internacionales de izquierdas que se han manifestado favorables al Referéndum (como la portavoz de los Verdes Europeos Ska Keller, por ejemplo) han venido a través de partidos de la oposición no nacionalistas como ICV o IU los que tanto critican!

Windscale/Sellafield, el «Chernóbil» británico

Published on: martes, 28 de febrero de 2017 // , ,
Por SORROW

En esos tiempos que corren, a más de seis meses —este texto, el original, está escrito en el 2011— del accidente de Fukushima, ya calificado como el más grave de la era industrial, y con los reactores averiados de la central nipona aún soltando veneno radiactivo a la atmósfera, conviene recordar otro gran accidente muy poco publicitado por nuestros medios: el de la planta británica de Windscale (después rebautizada como Sellafield), en 1957. Y es que nuestros medios han vuelto al unísono a hablar del desastre de Chernóbil para tapar el gigantesco alcance del accidente de Fukushima, y así intentar seguir difundiendo la falsa idea de que sólo se averían las centrales nucleares de los países comunistas o las de los que están en vías de desarrollo. Pero nada más lejos de la realidad: ahí está el gravísimo accidente de Windscale en la muy capitalista y avanzada Gran Bretaña para desmentirlo y ahí está (todavía humeando) la catástrofe de Fukushima, en el país que supuestamente representaba la eficiencia de la economía de mercado. El caso es que es un hecho incontestable que la radiactividad mata, y no sabe de fronteras, ideologías, ni gobiernos.

Windscale con sus dos chimeneas coronadas
por la «Sir John Cockcroft's folly».

El incendio de Windscale

Antes del gran desastre de Chernóbil en 1986 uno de los mayores accidentes nucleares de la historia se había producido en Cumbria, noroeste de Inglaterra. Allí estaba ubicada la planta de Windscale en 1957, junto a la aldea de Seascale, en la costa bañada por el Mar de Irlanda. La planta de Windscale a diferencia de las plantas nucleares francesas o las españolas no estaba refrigerada por agua sino por aire que era tomado del exterior por un grupo de grandes ventiladores que lo inyectaban en canales de grafito donde se insertaban las barras de combustible y el aire caliente salía al exterior por unas chimeneas. Este sistema de refrigeración es típico de la industria nuclear británica.

Gracias a la insistencia de Sir John Cockcroft se instalaron filtros en las salidas de aire. Éstos se construyeron cuando las obras de la planta (que se llevaron a cabo de manera muy apresurada) ya estaban muy avanzadas y fueron un quebradero de cabeza para los ingenieros, que los consideraban innecesarios y, por tanto, una pérdida de tiempo y de dinero. Los técnicos y los obreros a menudo bromeaban sobre los filtros, unas casetas de hormigón construidas en lo alto de las chimeneas, a 120 m. de altura, llamándolos «Sir John Cockcroft's folly», algo así como «la chaladura de Sir John Cockcroft». El caso es que «la chaladura de Sir John Cockcroft» evitó que el accidente de Windscale tuviera más alcance del que tuvo.

Otra importante peculiaridad de la planta nuclear de Windscale es que no era una instalación para usos civiles o pacíficos, p. ej., para producir energía eléctrica, sino que era un complejo militar en el que se producía plutonio para usarlo en las primeras bombas atómicas que estaba desarrollando el ejército británico. En efecto, el gobierno inglés viendo la ventaja que les llevaban los americanos y los rusos en el campo de las armas nucleares, se apresuró a fabricar plutonio para no quedarse atrás y entrar en el selecto club de las superpotencias. Pero los ingleses tenían menos experiencia que los rusos y los americanos en este terreno y no sabían mucho del comportamiento del grafito sometido a los neutrones. A propósito de esto último, el físico húngaro-americano Eugene Wigner había descubierto que este material sometido al bombardeo de neutrones sufría una dislocación en su estructura cristalina, dando pie a bruscos incrementos de energía.

Las verdaderas causas del incendio de Windscale no están del todo claras. Algunas fuentes apuntan a una súbita subida de la temperatura como consecuencia del fenómeno descrito por Wigner. Otras al afán del Reino Unido por ponerse al nivel de los americanos que acababan de probar con éxito una bomba termonuclear de tritio; el tritio necesita mucho calor para obtenerse por lo que había que bajar la ventilación con el consiguiente menoscabo de las medidas de seguridad. Otras hablan de un error de uno los físicos que trabajaban en la central unido a lo precario del equipamiento de la época (no había manual de ayuda y las mediciones de los instrumentos no era demasiado precisas). Lo cierto es que el núcleo del reactor número 1 de Windscale salió ardiendo el 8 de octubre de 1957. Ante este grave suceso, la actuación de los responsables fue (como en el caso de Chernóbil y de Fukushima) de lo más chapucera. Primeramente, el reactor estuvo ardiendo sin que nadie se diera cuenta durante 42 horas. Cuando el personal de la planta se percató del incendio del reactor, el núcleo estaba ya a punto de fundirse. Eso fue el 10 de octubre. Para apagarlo los técnicos primero usaron el viento de los ventiladores pero lo único que se consiguió fue avivar las llamas. Luego se usó dióxido de carbono líquido pero tampoco resultó. Por último se decidieron por el agua (como se hizo en Chernóbil), a sabiendas de que esto podría hacer explotar el reactor. Se arriesgaron a producir una «ola gigante» que extinguiera el incendio… y tuvieron éxito, aunque por los pelos.

Por suerte, los filtros del chalado de Sir John Cockcroft evitaron que buena parte de los isótopos letales salieran a la atmósfera Sin embargo, hubo liberación de cierta cantidad de material radiactivo al medio ambiente. No se sabe exactamente cuánto porque las autoridades británicas llevaron el asunto con el mismo secretismo que las soviéticas durante la catástrofe de Chernóbil en 1986. Sin embargo, fue muy curioso que al día siguiente a la extinción del fuego se prohibiera consumir leche en un área de 36 km² alrededor de la planta y a los dos días el área se extendiera a nada menos que… ¡500 km²! La prohibición estuvo vigente durante casi un mes. Se llegaron a destruir más de 2.000.000 de litros de leche. La razón era que uno de los isótopos más cancerígenos liberados tras los accidentes nucleares, el Cesio 137, es incorporado muy fácilmente por las vacas al comer pasto contaminado y acaba en la leche que consume el ser humano. Este radioisótopo se fija en los tejidos blandos como los pulmones, el hígado y los riñones produciendo en muchos casos cáncer. Aún así, a la población no se le informó ni se la evacuó por lo que estuvo expuesta a la acción de otro radioisótopo, el Yodo 131, que a pesar de tener una vida corta apenas 8 días es tiempo suficiente para ser absorbido por la glándula tiroides, una glándula que necesita asimilar yodo, produciendo en muchos casos cáncer de tiroides. Para prevenir eso, en caso de fugas radioactivas, las autoridades suelen poner en circulación unas pastillas de yodo para saturar esta glándula con yodo no radiactivo y evitar que se incorpore a nuestro cuerpo el Yodo 131. Pero en el caso de Windscale nada de esto se hizo y en los años posteriores a la fuga nuclear los casos de este tipo de cáncer en la zona cercana a la planta se multiplicaron; tanto que las autoridades tuvieron que reconocer 240 casos de cáncer de tiroides directamente causados por el accidente de Windscale, y ello a pesar de que en el informe realizado tras la investigación oficial (que se hizo público expurgado) se aseguraba que «la probabilidad de que alguien sufriera algún daño en su salud era casi insignificante». El accidente, por cierto, fue catalogado de nivel 5 en la escala INES (Internacional Nuclear Event Scale) que tiene un máximo de 7.

Al final, como en Chernóbil, todo se enterró en cemento. Los restos del reactor averiado, altamente radioactivos, se cubrieron con una gruesa capa de cemento y hoy reposan en lo que era la planta de Windscale, que fue rebautizada con el nombre de Sellafield para intentar borrar así el recuerdo de aquel nefasto accidente.

Vista panorámica de la planta nuclear de Sellafield,
junto al castigadísimo Mar de Irlanda.

La repercusión sobre el medio ambiente

Las repercusiones del accidente sobre el medio ambiente del episodio de Windscale y de los muchos percances que ocurrirían en su sucesora Sellafield fueron absolutamente desastrosos. Los intentos ingleses para dotarse de bombas atómicas han causado que el mar que está junto a la planta nuclear, el Mar de Irlanda, sea el más contaminado de plutonio del planeta. Se calcula que más de un cuarto de tonelada de plutonio yace en el fondo de ese mar. Hay que tener en cuenta que el plutonio, el elemento químico más venenoso para el ser humano que existe, puede causar cáncer aunque estemos hablando de cantidades microscópicas de esta sustancia. Todo esto implica que la flora y fauna marinas de la zona se vieron seriamente contaminadas por el plutonio, que ha pasado al ser humano a través de la ingesta de pescados y mariscos. De hecho, hoy día se sabe que los pescadores de la zona están expuestos a dosis de radiación tres veces más altas de lo permitido. Y no sólo el Mar de Irlanda se ha visto afectado: se ha encontrado de la contaminación procedente de Sellafield en el Mar del Norte (lo que motivó la queja de los países escandinavos), en el Mar de Barents (Rusia) e incluso en el norte de Canadá.

Pero eso no es todo. Buena parte de la contaminación marina ha pasado a la tierra en la espuma transportada por el aire y en el pescado que se come y ha contaminado la tierra. Eso significa que el ganado ovino y vacuno que pasta cerca de Sellafield ha asimilado en sus organismos grandes cantidades de cesio y plutonio. No es extraño pues que los ecologistas lleven años denunciando la anormal acumulación de casos de leucemia, sobre todo infantil, en la zona.

Hoy día Sellafield sigue siendo un símbolo de la chapucera industria de la energía nuclear. Tras años de percances serios con múltiples escapes por fallos en el almacenaje y descarga de materiales radiactivos aún no se ha conseguido, pese a las insistentes protestas del movimiento antinuclear británico, su cierre definitivo. En 1985 el Parlamento Europeo estuvo a punto de aprobar su cierre. Pero no pudo ser. Tendrá que pasar algo tan grave como el accidente de 1957 para que esto ocurra. Y puede que ni aún así escarmentemos.




Fuentes:

* Hawks, Nigel et al.: El más grave accidente mundial. Chernóbil: el fin del sueño nuclear, ed. Planeta.

* Windscale Fire en Wikipedia, The Free Encyclopedia.

* VV.AA.: Recomendaciones del ERRC, 2003. Los efectos sobre la salud de la exposición a radiación en bajas dosis para propósitos de protección de la radiación.

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